Por lo general el Puma es solitario y de hábitos preferentemente crepusculares y nocturnos, con picos de actividad al anochecer y al amanecer; pasa la mayor parte del día descansando en oquedades rocosas, encaramado en las ramas de los árboles, o escondido entre pastos altos.
De movimientos rápidos y silenciosos, es un corredor veloz, muy poderoso en el salto y un hábil nadador; trepa a los árboles con agilidad, pudiendo subir o bajar de ellos con un solo salto de más de 10 metros. No puede rugir y al igual que los gatos domésticos vocaliza silbidos agudos, gruñidos y ronroneos.
Su territorio en Argentina varía entre 25 y 210 km², llegando a ser de 375 km² en américa del norte, de acuerdo a la disponibilidad de presas. El territorio del macho es mayor y generalmente se superpone con el área de acción de varias hembras, marcado por pequeñas pilas de hojas y cortezas que arranca y apila cuando se afila las garras, rociadas con orina y excrementos.
Consume una amplia variedad de presas siendo considerado un generalista: insectos, reptiles, aves y mamíferos de todos los tamaños. En Argentina incluye mulitas, lagartijas, liebres, monos, pecaríes, corzuelas, ñandúes, guanacos, vicuñas, huemules y animales domésticos. Puede recorrer largas distancias en búsqueda de alimento y captura sus presas mediante el acecho o tras cortas persecuciones.
La reproducción se da durante cualquier época del año. Luego de un período de gestación de 82 a 96 días, la hembra da a luz en el interior de un tronco hueco o alguna grieta rocosa una camada de 1 a 6 crías (3 en promedio). Los jóvenes permanecen junto a su madre hasta los 2 años y alcanzan la madurez sexual a los 2 o 3 años. La esperanza de vida en la naturaleza se estima entre 8 y 13 años y en cautiverio llega a vivir hasta 20 años.